23 octubre, 2011

La musique

La música… ¿qué nos transmite la música? Cerramos los ojos, escuchamos, cantamos, lloramos, reímos, recordamos y hasta nos movemos sin control. Nos sumergimos en un viaje sin fronteras. Todo esto y mucho más puede producir una simple canción, una simple melodía.
No somos pocos los que podemos afirmar que amamos la música, pero ¿por qué? ¿Qué es lo que provoca en nosotros?
Para comenzar, me gustaría analizar algunas definiciones que ofrece el diccionario de la Real Academia Española:
La primera hace referencia a la música como “Melodía, ritmo y armonía, combinados”, pero quienes somos amantes de ella sabemos que en la definición no puede estar ausente el sentimiento y el conjunto de emociones que tenemos el placer de sentir con la música, tanto quienes la hacen como quienes la escuchan.
Otra de las definiciones la describe como “Arte de combinar los sonidos de la voz humana o de los instrumentos, o de unos y otros a la vez, de suerte que produzca deleite, conmoviendo la sensibilidad, ya sea alegre, ya tristemente”. Podemos decir que ésta se asemeja un poco más a lo que nos hace sentir, a diferencia de que nosotros no la vemos como un elemento para nuestro deleite, sino como una herramienta para hallarnos espiritualmente, como algo que nos ayuda a explicar y entender ciertas sensaciones. Sumando que nos produce muchas más emociones, no solo alegría y tristeza.
Por el contrario con el anterior, el diccionario también ofrece una caracterización irónica de la música como “ruido desagradable”. Para nosotros esto resulta imposible de concebir. La música nunca es molesta, si no que está dirigida hacia distintos tipos de oyentes. Por ejemplo: quienes disfruten de escuchar la música clásica de Mozart o Vivaldi, rechazarán el enérgico y cargado sonido de Metallica o The Misfits, pero esto no significa ni que sea molesta ni, contrariamente, aburrida (como se refieren algunos hacia la música clásica).
Creo que esa es una de las mayores virtudes que posee este fenómeno histórico que continúa enamorando y obsesionando cada vez a más personas: hay diversidad de estilos absolutamente para todos los gustos. Es improbable que hallemos a alguien que no goce de escuchar ningún tipo de música; es tan vasta y extensa que nos permite darnos el lujo de elegir y descartar a nuestro antojo. Es entonces, cuando comenzamos a conocer el mundo de la música, que surge una nueva pregunta: ¿es posible clasificar la música como “buena” o “mala”? y de ser así, ¿cómo hacemos para que nuestra subjetividad y nuestra opinión personal no interfiera en dicha clasificación? No es poco común escuchar expresiones como “buena música”, “música cuadrada”, “mala música”, ¿qué hace la diferencia? En realidad, la música como arte no se puede clasificar –o no deberíamos– como “mala” y “buena”, simplemente es música y como tal, es una expresión de emociones, una compañera, una identificación.
Identidad, la música es parte de nuestra identidad, por eso hay distintos tipos y estilos. Cada uno escucha o hace la música que lo identifica e incluso que lo describe. Por ejemplo: hoy en día contamos con un creciente fenómeno al que yo llamaría social-musical. Hablo de la llamada Cumbia Villera, que nació hace ya casi dos décadas y se transformó en una marca identitaria para los sectores excluidos de la población (aunque actualmente otros sectores sociales también la escuchen) refugiándolos, de alguna manera, de sus males y penurias. Milagrosamente, la música también cumple esa función: la de refugiarnos y comprendernos mejor que nadie, y la de ayudarnos a descargar nuestros enojos y tristezas. De esta forma, también nace el movimiento Punk en los ’70, creado por jóvenes en modo de protesta que estaban descontentos con la sociedad que les tocaba. A través de sus letras desafiantes criticaban las reglas que les imponía un sistema que venía siendo de determinada manera sin cuestionamientos. Este hecho forma parte de los movimientos contestatarios organizados por jóvenes de las décadas del ’60 y ’70, al igual que el Hipismo.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que para muchos la música es un sueño. Sabemos que una considerable cantidad de personas sueñan con vivir de ella, dedicarse a eso. Y no hablamos de estudiar en una facultad o un conservatorio, graduarse y dedicarse al profesorado. Nos referimos a triunfar en un escenario, a que miles de personas deseen oír lo que hacemos. ¿Dependerá esto del talento que poseamos? Bueno, la realidad es que hoy por hoy, en muchos casos, no es así. Lamentablemente, la música, en la actualidad es un comercio, un negocio de miles de millones de dólares, que no pone atención ni al talento ni a la vocación. Pero por lo menos podemos rescatar las excepciones de conjuntos o compositores que se esforzaron en crecer musicalmente y para los cuales la música forma parte de su vida, su historia, su identidad y personalidad.
“La música es para mí el aire que respiro. Es la sangre que corre por mis venas y me mantiene vivo. Sin ella, no sé qué haría. Probablemente tendría un empleo o algo así, pero… La gente me pregunta: ‘¿Qué harías si no tuvieras Green Day?’ Yo respondo: ‘Estaría en Green Day. Realmente no conozco otra cosa’. Cuando las personas dicen: ‘¿Qué opinas de la gente que sólo te habla o les caes bien porque estás en Green Day?’ Contesto: ‘Yo soy Green Day. Ese soy yo. Esa es mi vida.’” (Billie Joe Armstrong, vocalista, guitarrista y compositor de la banda Green Day, en su DVD, “Bullet in a Bible”, 2005).
En conclusión, si le preguntáramos a cualquier amante de la música o a cualquiera que sueñe con ella, qué significa la música para él/ella, seguramente respondería sin dudar: todo.

{ ensayo para Lengua y Literatura. Tema: la música }

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